martes, 27 de enero de 2009

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El lenguaje políticamente correcto: Caperucita Roja


El otro día en clase de morfología y hablando de los sufijos nos dejamos llevar un poco por la pasión y acabamos hablando del lenguaje políticamente correcto y la reciente adaptación de numerosos cuentos infantiles a esta polémica "moda". Desde mi punto de vista personal llegar a tales extremos me parece un despropósito, pero antes de decir nada más juzguen ustedes mismos y lean 'Caperucita Roja' en su versión "correcta":

Erase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era. Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque.
Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.
De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.
-Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.
-No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.
Respondió Caperucita:
-Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, SÍ me perdonas, debo continuar mi camino.
Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho. Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo: -Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.
-Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.
-¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
-Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.
-Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y a su modo indudablemente atractiva.
-Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.
-Y... ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes! Respondió el lobo:
-Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.
Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.
Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnico en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.
-¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.
El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.
Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?
Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.
(James Finn Garner “Cuentos infantiles políticamente correctos”. Circe, bna,1998.)
Y bien, ¿Qué os parece?
En primer lugar decir que esto no es ningún tipo de broma pesada y que pueden encontrarse versiones similares a éstas de otros cuentos infantiles como 'Blancanieves y los siete enanitos'. Ante todo decir que yo, como mujer, apoyo la lucha por conseguir la igualdad de género (algo que por otra parte me parece imposible) pero en lo que concierne al lenguaje me parece un atentado todavía mayor el intentar cambiar 'forzosamente' algunas palabras o expresiones que no necesariamente están destinadas a marginar a ningún tipo de grupo social. Si fuésemos tan estrictos creo que llegaría un momento en el que el atentado lo estuviésemos haciendo contra nosotros mismos, no como hombres o mujeres sino como seres humanos que se comunican mediante un lenguaje que vería cómo su mejor característica -la riqueza del vocabulario- queda mermada con el tiempo.
Por otra parte, no creo que a un niño le gustase escuchar esta versión del cuento, en primer lugar porque no lo entenderían debido a las referencias históricas (desconocidas para ellos y seguramente también para muchos padres) y por la falta de experiencia. Una cosa tengo clara, si fuese madre en ningún momento se me pasaría por la cabeza leerle algo tan semejantemente ridículo a mi hijo.

4 comentarios :

  1. Estoy de acuerdo, este cuento sería completamente incomprensible para un niño. Es cierto que algunos cuentos pueden tener unos contenidos algo atrasados para los tiempos que corren, pero tampoco hay que sacar las cosas de quicio, viendo sentidos discriminatorios donde no los hay. ¿Qué tiene de malo que Caperucita lleve algo de comer a su abuelita?
    Esto me recuerda a un libro de Umberto Eco sobre la interpretación absurda que se hace a veces de los textos. No recuerdo quién había afirmado que Caperucita Roja era un simbolismo de no sé qué reacción química, basándose en los colores y otros elementos (rojo=hierro, en la barriga del lobo se mezclan los metales...). Vamos, un sinsentido xD

    PD: Peazo comentario, se nota que me gusta el tema xD

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  2. A mí la verdad es que me ha hecho gracia, especialmente:

    Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

    xDDDDD

    Obviamente, yo tampoco sería partidario de entretener a mis hijos con semejante versión del relato. Pienso además que no es apropiado para críos que tengan la misma edad que nosotros la primera vez que nos contaron este cuento; no sólo es una supuesta versión políticamente correcta, sino también de más difícil comprensión por parte del niño de a pie.

    Estos cuentos clásicos, por otro lado, ya han sido bastante edulcorados a lo largo de la historia. Según tengo entendido, en la versión original de Blancanieves, por ejemplo, ya dormida ella, el príncipe la daba por muerta y al muchacho le debía de ir la necrofilia... así que no se lo pensó dos veces: se aprovechó de ella y del "meneo" ella despertó... Lo que también da que pensar, porque significa que no sería la primera vez, que un cuento se tergiversa; y es más, la versión que conocemos actualmente y tomamos por "originales", son versiones políticamente correctas de las anteriores...

    Siento la expresión... mi redacción es pésima...

    Los años no perdonan y la universidad desculturiza... cada día lo tengo más claro...

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  3. Lo de la universidad es un caso aparte, yo también pienso que sirve de poco y lo único que consigue hoy por hoy es hacernos cada día más ineptos... Puedes estar acabando una carrera y tener la impresión de que no has aprendido nada nuevo, pero eso ya es otro tema.
    En cuanto a lo de Blancanieves... pues no creo que consideraran apropiado mencionar que el príncipe era necrofílico y abusó de la pobre mujer (aunque todo sea dicho, si consiguió que reviviera menudo pol***o jaja). En ese caso yo veo bien la adaptación y la correción (cada cosa con su tiempo) pero lo del post me parece algo bastante exagerado...

    P.D: No te hagas de rogar que todos (o al menos yo)sabemos que escribes muy bien jaja.

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  4. el proposito del cuento es causar la risa a partir de la exageracion de esa tendencia contemporanea de cuidarse y atajarse constantemente para no discriminar a nadie.

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